Te ví y supe que aquella sensación que provocabas en mí no se había marchado. Y supongo que no está bien, pero se siente rebonito.
Porque cuando dos miradas están destinadas a encontrarse, aunque uno mismo se niegue a que la piel misma no se estremesca nuevamente, resulta imposible.
Y te veías tan bien, tan guapo, tan alto...
Y toda ésta descripción me la imagino porque realmente lo único que miré fueron tus ojos; Esos ojos que siguen llevándome a la más grande aventura, esos ojos que me dan paz y desesperan mi ser al mismo tiempo.
Y te creía enterrado; sepultado debajo de una lámina de concreto; inamovíble y quedito para no masturbarme con mis demonios.
Y te rebusco entre todas las páginas rotas de mis poemas, porque sé que estás aquí; tan cerca, tan lejos... tan de ella. Tan de las hojas que cuentan nuestra pequeña reseña, que susurran "quédate".
Sin palabras, ni sonrisas, muchos menos alguna carcajada; sin caricias, sin besos. Sin preguntas; mucho menos respuestas.
Dí que eres mi musa, dí que eres mi alma gemela, dí que mi vida sin ti no vale ni cinco centavos. Dí que aún hay un mal motivo para quedarnos. Pero por lo que más quieras; dí algo.
Dí algo porque sigo aquí sentada, mirando la profundidad del reflejo del mar, como si mi vida dependiera de eso, de ti. Como esperando un milagro; esperándote a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario