miércoles, 16 de abril de 2014

Mi Bora Bora.

Hubiera sido más fácil mirar una aurora boreal en el valle de México que haber encontrado su amor.
Su beso es un tsunami en el el pantano de Can Bogonya, salvando hasta al más maldito, y los besos de los otros chicos no son más que patadas en el trasero.
Porque estaba a punto de acomodar todos los granos de arena del Río Sanzu en las uñas de mis dedos cuando lo encontré.
Y fue ahí que, me puse a danzar con los fallecidos.
Quédate y sabrás que valdrá la pena existir.
Quédate y mis labios fomarán todos los días constelaciones con tus lunares del cuello.
Dime que me necesitas porque realmente estoy loca por ti.
Esos no son unos labios, chico, son jeringas de heroína en el pecho.
Y solo espero quedar vacía y necesitarte siempre junto a mi.
Porque tu amor es más bello que nadar en las aguas del Bora Bora,
es más bello que poder existir.

domingo, 6 de abril de 2014

Solíamos.

Los dos solíamos huir, pero ésta vez decidimos quedarnos.
Porque cuando el tiempo y el espacio es el correcto, los besos se acomodan perfectamente.
Porque dimos la vuelta al mundo, tan sólo para encontrarnos.
Y hubiera sido más fácil patear la galaxia, o resolver los demás universos.
Usted verá que mi sonrisa no es fingida y se vuelve infinita al mirar sus ojos.
Y te quiero chiquito y quedito, despacito y muy mío.
Penderme en sus cabellos por si la locura que andamos ocasionando le diera por huir.

miércoles, 2 de abril de 2014

Te odio.

Le odio porque no logro olvidarle.
Le odio porque usted es esa astilla que se clava en el dedo chiquito del pie que no se puede sacar a menos que te lo abran y lo tiren a la mierda.
Le odio poque sus labios quedaron grabados en los míos, y a pesar de ello no dicen nada.
Le odio porque me dio cien respuestas y dejó mil putas preguntas.
Le odio porque los cerezos siguen creciendo en abril mientras nuestro amor muere.
Le odio porque es esa clase de chico con ojos tristes, que sabes que te joderá la vida, y aun así, te aferras.
Le odio porque tiene ese sabor en los labios como un Dr. Pepper, tan vérsatil, tan convinado, tan todas mías.
Le odio porque su mirada triste y agachada es solo para disimular los horribles ojos que tiene.
Le odio, porque esos gestos de mariquita que me hicieron desearle, son los mismos de un hijo de puta maricón.
Le odio, porque taladra mil agujeros en el pecho y nunca deja algun parche o explicación.
Le odio, porque no puedo dejar de amarlo, porque lo comparo y excuso para huir de todos.
Le odio, porque si no lo odio de nuevo volveré a amarle.