miércoles, 13 de noviembre de 2013

Yo quiero ser tu chica Zelda.

Yo quiero ser tu chica Zelda...
Pasar por todas las estúpidas arañas y matarlas para conseguir esa estúpida espada.
Pero antes debes saber, lo mucho que le temo a las arañas.

Te esperaría con toda la paciencia, misma con la que se pasa el mundo de agua.

Subiría la torre más alta para salvarte de todo peligro y te volvería salvar aún cuando me empujases  al precipicio, sí, te volvería a salvar.


Tocaría alguna canción para ti, para recorrer el tiempo a tu lado nuevamente.

Porque eres como una pequeña hada que pone toda la magia a mi vida.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las cosas más bonitas.

Muchas historias de amores formulan una lista de aquellas cosas perfectas por realizar en una relación de amor inolvidable.
Supongo que esa clase de recuerdos hace imposible olvidar a aquel amor.

Entre él y yo, siempre hubo improvisación.
Entonces debo decir que siempre fueron momentos perfectos.

Una historia de amor por parte de dos, de uno. De nadie.
Historia de "él y yo".
Historia que nunca sabré de qué.

Él y yo;
y lo nombro de tal manera, porque jamás asomó algún "nosotros",
o algún árbol en el cual marcáramos un "tú y yo".

Nos encontramos un otoño, y el invierno llegó deprisa y escondió tu mirada.
La primavera deprisa y cansada de esperar juntó nuestros labios, e hizo el primer recuerdo perfectos para la lista que pende desde los sueños.
Y aquellos besos se acompañaron con palabras, mismas, que susurran los enamorados.

El verano dio un largo camino vacacional a los corazones rotos.
Y de nuevo otoño nos volvió a reunir.
Con la misma intención para ya despedirnos.
Una noche en aquel concierto, donde nuestro voces emitieron un mismo sonido.

No quería dejar de mirarte por temor a empezar a extrañarte o peor aún,
a que tu sonrisa acabase.
Y mis labios susurraron "que te vaya bonito", mis brazos se abrieron, ¡no quería dejar de abrazarte!

Porque hacer el amor es algo más que quitarse las prendas.
Es mirarnos a los ojos y entonces, sentirnos eternos; infinitos.

Llévame.

Ningún amor es para siempre.
Porque cuando el abandono llega
uno siempre se tira al olvido.

Puedo amarte un día, tal vez dos.
Puedo amarte una semana o tres meses.
Puedo amarte diez años o un siglo.
Puedo amarte el tiempo que desees ver.

Quédate, quédate con ella,
quédate solo; sin mí.
Quédate sin amor para darme,
pero por lo que más quieras, quédate.

Quédate, porque será la única manera en la cual yo te ame.
Y que si un día huyes, me lleves contigo.

Yo nunca dejé de amarte.

"Yo nunca dejé de amarte...".
Lloro cálido, escupo, vomito; vomito la vagina de sus putas a las cuales folló.
Vomito sus cuerpos, sus pechos, sus labios. Vomito sus cabellos.

"Yo nunca dejé de amarte...".
Si usted no hubiera dejado de amarla,
hubiera tenido el tiempo necesario para buscarla,
hubiera atendido las llamadas cuando ella se encontraba sola,
cuando ella estaba borracha, y todo por su ausencia.

"Yo nunca dejé de amarte...".
¡Maldita mentira!
Pudiente rabia que cose el pecho, que hierve la sangre.
Vil tiempo que trae recuerdos; piel en la cual se hayan marcas de su abandono.

"Yo nunca dejé de...¡Cállese y a otra con esa vil mentira!
Quítele la blusa, los pantalones.
Cállese y bésele el cuerpo.
Cállese y no intente acariciarle el alama, porque ya no tiene.
Calme su sed, su locura, su soledad...

"Yo nunca dejé de desearte"
Ahora lo comprendo.
El cuerpo se le humedece,
¡dime una verdad más!

Huellas.

El único beso es como un buen vino. Y que para quitarse aquel sabor es necesario ingerir algo mas fuerte.

Porque para comprender mis poemas
tendrías que conocerlo a él.
Así que entiéndelos como se te dé la gana.

Usted no sería capaz de entender con simples letras la profundidad de sus ojos,
lo ausente de ellos.
Usted no sería capaz de sentir lo dulce de sus labios,
la sutil ausencia que golpea todos los días el pecho,
la perra soledad que dejó su recuerdo.

Y no me interesa que comprenda.
Porque usted no sería capaz de perdonar sus acciones,
sus gestos galantes y el vacío en el que hunde el alma.
Usted no podría vivir con las alas rotas
sabiendo que éstas, no tienen reparación.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Miembros.

El ser humano vive para morir, mata para "vivir"
Tonto, idiota, imbécil!
Y cómo decir todas estas palabras altisonantes sin que suenen a ofensa, cómo decirlas y estar seguros que lo tomaran como palabras de aliento.
Nos acostumbran a ser humillados, somos como máquinas para estar al asecho como gatos en celo para saltar y aruñar al menor grito.
Idiotas, quizá les deberíamos decir idiotas con un pequeño obsequio y un beso en la frente, de esos besos dulces para suavizar aquella palabra.
Cuatro miembros, y cuatro tiros al pecho desde que nacemos...