domingo, 25 de mayo de 2014

Mártires.

Te escribo porque es la manera en la cual te mantengo seguro; porque así te siento cerquita y muy mío.
Y que te quiero y eres mi vida; pero me alejas y te llevas mis ganas en tus cabellos, en tus pendejas que hacen polvo mis alas; mismas, con las cuales volaba a tu lado; aún, cuando se encontraban rotas.
Porque nuestro amor es una locura; nos hacemos daño al encontrarnos lejos y nos reímos al recontruírnos cuando aterrizamos en nuestros cuerpos. Es demencia que alimenta nuestras almas, demencia que baila con los sentimientos: los nuestros. Demencia que nos consume y presiona el pecho y lo suelta como se le da la gana.
Porque no nos mata, tan sólo nos tortura de a poquitos; aveces con fuerza, otras muy quedito.
Y abrazo tus demonios, y los beso, los acicalo, los hago mios.
Y como el sol muere cada noche por la luna para que ella pueda salir e iluminar la obscuridad de su recuedos... Yo muero por ti, por nosotros, por nuestro amor que navega en un tiempo y espacio inoportuno.

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