jueves, 8 de octubre de 2015

No me gustan las personas, me gustas tú.

No me gustan las personas; me gusta el arte, las películas de las cuales muchas veces no entiendo el trama pero me dejan con un nudo en la garganta. La música; me gusta The Smiths, aún más cuando me pedías desde tu habitación que pusiera The charming man. No me gusta sentir que no puedo encajar en las conversaciones, me desagrada que me miren cuando me quedo callada y mi mente formula las pláticas y escenas más graciosas del mundo; me gusta cuando estamos tú y yo y platicamos del cosmos, de la vida, de las tonterías que ahora mismo no recuerdo pero nos hacen reír a carcajadas. Me gustan las pláticas que solemos tener a solas, cuando nadie nos mira, porque en ese instante me siento segura a tu lado, porque puedo formular frases estúpidas y graciosas, porque sé que te reirás conmigo; me gusta cuando hablamos de arte, y literatura, cuando hablamos de Bukowski y nuestros sexos mojados, de la música que puedo compartir contigo y la que compartes conmigo. No me agradan las personas y sus comentarios estúpidos; me ponen nerviosa tener que interactuar con ellos. Pero me gusta cuando me pones a temblar cada que me miras con esos ojos los cuales me hacen sentir magia, cuando me sorprendes con tus besos y la manera en la que muerdes los labios antes de besarme, como me haces sentir segura con tus manos en mi cintura, cuando pegas muy fuerte mi cuerpo al tuyo. Detesto que las personas me abracen, pero en tus brazos me siento segura y me haces sentir genial cuando dormimos abrazados porque sé que odias eso. Y aún con todo eso, besas mi frente y te juro en ese momento puedo describir la felicidad. ¿Recuerdas cuando pasamos más de una hora besándonos tiernamente y de fondo sonaba Sigur Rós? Podía morir en ese instante. Te quiero, te quiero como las ansias del adicto al crack que jura lo abandonará, como las setas buscan sombra en las plantas muertas; como mirar un atardecer después de dos horas de haber consumido lsd.