Me encanta contemplarte tan roto, tan mounstro, tan vacío. Porque aún jodido crees en la humanidad. Crees en mí cuando ni yo no me atrevo. Crees en nosotros por ratos.
Lames tus heridas y yo las vendo.
Crees en un mañana, crees que estaré bien.
Crees en el ser humano e intentas crees en mí.
sábado, 31 de mayo de 2014
Locos.
Más que mi antídoto, eres mi veneno; y yo soy una suicida irremediable.
Es por eso que voy tomando sorbos de ti para irme a la chingada de a poquitos; porque si tú no estás me falta tu veneno, tus caricias que derraman tu ácido y entran en osmosis en cada una de mis células.
Porque más que amor, es deseo. Y más que desearte; te necesito.
Te necesito porque, no sé qué chingada madre conmigo misma.
Te necesito porque cierras mis venas con la droga de tus besos, las cierras, las tupes y acicalas con tu puto veneno que me sabe a gloria.
Te necesito porque tomas mis muslos y los haces tuyos.
Te necesito porque tu beso en la frente me repara de tus besos en mis labios, en mis muslos, en mis piernas; en todo el cuerpo.
Te necesito porque eres un cobarde y necesito sentirme segura de alguna manera.
Te necesito porque recuerda que decidí que eres mío.
Te necesito porque necesito que nos jodamos la vida hasta quedar completamente fríos.
Te necesito porque realmente te quiero.
Te quiero aquí, cerquita. Te quiero en silencio; nos quiero.
Te quiero porque pierdo la cordura a tu lado y la recupero cuando nuestros cuerpos chocan.
Chocan y se hacen infinitos, se hacen uno, se hacen una buena mierda.
Mierda que hacemos cuando estamos juntos, cuando nos queremos, cuando huimos.
Huímos por que somos unos ridículos.
Ridículos que se quieren, que se odian.
Se odian porque no pueden dejarse.
Y se dejan porque se odian más que amarse y se aman porque ya no quieren odiarse.
Porque lastima, pero no duele.
Y es que quizá, aún te quiero.
Sí, capáz.
Es por eso que voy tomando sorbos de ti para irme a la chingada de a poquitos; porque si tú no estás me falta tu veneno, tus caricias que derraman tu ácido y entran en osmosis en cada una de mis células.
Porque más que amor, es deseo. Y más que desearte; te necesito.
Te necesito porque, no sé qué chingada madre conmigo misma.
Te necesito porque cierras mis venas con la droga de tus besos, las cierras, las tupes y acicalas con tu puto veneno que me sabe a gloria.
Te necesito porque tomas mis muslos y los haces tuyos.
Te necesito porque tu beso en la frente me repara de tus besos en mis labios, en mis muslos, en mis piernas; en todo el cuerpo.
Te necesito porque eres un cobarde y necesito sentirme segura de alguna manera.
Te necesito porque recuerda que decidí que eres mío.
Te necesito porque necesito que nos jodamos la vida hasta quedar completamente fríos.
Te necesito porque realmente te quiero.
Te quiero aquí, cerquita. Te quiero en silencio; nos quiero.
Te quiero porque pierdo la cordura a tu lado y la recupero cuando nuestros cuerpos chocan.
Chocan y se hacen infinitos, se hacen uno, se hacen una buena mierda.
Mierda que hacemos cuando estamos juntos, cuando nos queremos, cuando huimos.
Huímos por que somos unos ridículos.
Ridículos que se quieren, que se odian.
Se odian porque no pueden dejarse.
Y se dejan porque se odian más que amarse y se aman porque ya no quieren odiarse.
Porque lastima, pero no duele.
Y es que quizá, aún te quiero.
Sí, capáz.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Harta.
Me he hartado.
Me harté de ti, de nosotros, de mí que soy una insoportable cuando no estás a mi lado.
De mí que últimamente aún estando a mi lado me harto de mí misma; de nosotros.
Me he hartado de la fantasía que seguirmos construyendo a diario.
Me he hartado de achocarme en la cabeza tus sucias palabras que ya no creo.
Me he hartado de conversar contigo y no llegar a ningún lado.
me harto de mí misma. De lo imbécil que uno queda cuando está enamorado. De los sentimientos rotos que tú destrozaste y se clavan como astillas en mi pecho; en el alma que ya no logro encontrar.
Me he hartado de la ridícula música que suena mientras estamos romanceando, y últimamente discuetiendo.
Estoy harta de ti, de nosotros. Harta de intentar huir de ti y siempre volver. Harta de intentar de huir de mí misma y no encontrar la manera.
Harta de ésta mierda llamada vida.
domingo, 25 de mayo de 2014
Mártires.
Te escribo porque es la manera en la cual te mantengo seguro; porque así te siento cerquita y muy mío.
Y que te quiero y eres mi vida; pero me alejas y te llevas mis ganas en tus cabellos, en tus pendejas que hacen polvo mis alas; mismas, con las cuales volaba a tu lado; aún, cuando se encontraban rotas.
Porque nuestro amor es una locura; nos hacemos daño al encontrarnos lejos y nos reímos al recontruírnos cuando aterrizamos en nuestros cuerpos. Es demencia que alimenta nuestras almas, demencia que baila con los sentimientos: los nuestros. Demencia que nos consume y presiona el pecho y lo suelta como se le da la gana.
Porque no nos mata, tan sólo nos tortura de a poquitos; aveces con fuerza, otras muy quedito.
Y abrazo tus demonios, y los beso, los acicalo, los hago mios.
Y como el sol muere cada noche por la luna para que ella pueda salir e iluminar la obscuridad de su recuedos... Yo muero por ti, por nosotros, por nuestro amor que navega en un tiempo y espacio inoportuno.
Y que te quiero y eres mi vida; pero me alejas y te llevas mis ganas en tus cabellos, en tus pendejas que hacen polvo mis alas; mismas, con las cuales volaba a tu lado; aún, cuando se encontraban rotas.
Porque nuestro amor es una locura; nos hacemos daño al encontrarnos lejos y nos reímos al recontruírnos cuando aterrizamos en nuestros cuerpos. Es demencia que alimenta nuestras almas, demencia que baila con los sentimientos: los nuestros. Demencia que nos consume y presiona el pecho y lo suelta como se le da la gana.
Porque no nos mata, tan sólo nos tortura de a poquitos; aveces con fuerza, otras muy quedito.
Y abrazo tus demonios, y los beso, los acicalo, los hago mios.
Y como el sol muere cada noche por la luna para que ella pueda salir e iluminar la obscuridad de su recuedos... Yo muero por ti, por nosotros, por nuestro amor que navega en un tiempo y espacio inoportuno.
Sigues.
Te ví y supe que aquella sensación que provocabas en mí no se había marchado. Y supongo que no está bien, pero se siente rebonito.
Porque cuando dos miradas están destinadas a encontrarse, aunque uno mismo se niegue a que la piel misma no se estremesca nuevamente, resulta imposible.
Y te veías tan bien, tan guapo, tan alto...
Y toda ésta descripción me la imagino porque realmente lo único que miré fueron tus ojos; Esos ojos que siguen llevándome a la más grande aventura, esos ojos que me dan paz y desesperan mi ser al mismo tiempo.
Y te creía enterrado; sepultado debajo de una lámina de concreto; inamovíble y quedito para no masturbarme con mis demonios.
Y te rebusco entre todas las páginas rotas de mis poemas, porque sé que estás aquí; tan cerca, tan lejos... tan de ella. Tan de las hojas que cuentan nuestra pequeña reseña, que susurran "quédate".
Sin palabras, ni sonrisas, muchos menos alguna carcajada; sin caricias, sin besos. Sin preguntas; mucho menos respuestas.
Dí que eres mi musa, dí que eres mi alma gemela, dí que mi vida sin ti no vale ni cinco centavos. Dí que aún hay un mal motivo para quedarnos. Pero por lo que más quieras; dí algo.
Dí algo porque sigo aquí sentada, mirando la profundidad del reflejo del mar, como si mi vida dependiera de eso, de ti. Como esperando un milagro; esperándote a ti.
Porque cuando dos miradas están destinadas a encontrarse, aunque uno mismo se niegue a que la piel misma no se estremesca nuevamente, resulta imposible.
Y te veías tan bien, tan guapo, tan alto...
Y toda ésta descripción me la imagino porque realmente lo único que miré fueron tus ojos; Esos ojos que siguen llevándome a la más grande aventura, esos ojos que me dan paz y desesperan mi ser al mismo tiempo.
Y te creía enterrado; sepultado debajo de una lámina de concreto; inamovíble y quedito para no masturbarme con mis demonios.
Y te rebusco entre todas las páginas rotas de mis poemas, porque sé que estás aquí; tan cerca, tan lejos... tan de ella. Tan de las hojas que cuentan nuestra pequeña reseña, que susurran "quédate".
Sin palabras, ni sonrisas, muchos menos alguna carcajada; sin caricias, sin besos. Sin preguntas; mucho menos respuestas.
Dí que eres mi musa, dí que eres mi alma gemela, dí que mi vida sin ti no vale ni cinco centavos. Dí que aún hay un mal motivo para quedarnos. Pero por lo que más quieras; dí algo.
Dí algo porque sigo aquí sentada, mirando la profundidad del reflejo del mar, como si mi vida dependiera de eso, de ti. Como esperando un milagro; esperándote a ti.
viernes, 23 de mayo de 2014
¿Dónde te dejo todo esto?
Lo peor de cuando se termina una relación; supongo que no es la interrogante de, qué haré con todo éste pinche amor que tenía para ti. Al final, podríamos enterrarlo en montañas de cocaína y ahogarlo con whiskey. Eso es fácil y se siente bien.
Lo peor es, qué chingados hacer con las cartas que le querías enviar; porque quería enviarte algunas cartitas ridículas que hablaban de lo bonito que me hacías sentir cada que estabas cerca de mi, de lo ridúculos que nos veíamos cada que discutíamos y nos reíamos de toda esa basura. Y ahora, qué carajos hago con ese atrapa sueños que encargué para adormilar a tus putas pesadillas; porque, yo nunca pude calmarlas cuando me encontraba lejos de ti. Qué hago con esas idas a ver el mar y mis piernas, porque las que tuvimos nunca fueron suficientes. Qué hago con esos muñecos de trapo que tanto trabajo me estaban costando hacer y que llevan nuestras iniciales tejidas tan delicadamente.
Qué carajos hago con todas las sorpresas que tenía para ti, con las entradas de cine que había comprado, con las entradas para los conciertos.
Qué putas vergas hago con mi piel que no siente nada si no son tus manos, tus labios.
Dónde guardo toda la porquería que nos dijimos; toda la que hicimos cuando estabamos a solas.
A quién le entrego toda la locura que desató nuestro amor, a quién le tomo la mano y le acaricio el rostro mientras juego con su cabello. A quién le entrego las miradas ocultas de alguien enamorado.
Porque lo único que queda hacer en estos casos, supongo, que es ahogarlo ahí mismo donde ahogo las lágrimas que ya no salen. Secar toda ésta mierda con algo de marihuana y cocaína, porque al final, el amor es esa droga que te deja estúpido por un tiempo y te deshaces de él cuando ya te está jodiendo la vida.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Lagrimitas.
Y sigo bebiendo tanta agua.
Porque mamá decía que, cuando tengas ganas de llorar tomes agua y se te pasa,
llenar el vacío y ahogar las lágrimas con más agua, y las ahogas tanto que te producen nauseas y más ganas de llorar y vuelves a llenar el vacío y se te pasa, y vuelves a sentir nauseas y es un círculo vicioso, tan vicioso como el que vengo llevando contigo.
Tan vicioso como tus manos hipócritas que consiguen cuanto quieren de mi.
De mi, que estoy tan vacía porque me consumes con tu presencia, y porque maldita sea, me destruyes con tu ausencia.
Con tu ausencia que golpea mi pecho cuando me besas, cuando estás cerquita de mi.
Con tu beso falso que me enreda el cabello y me hace sentir ondas en el alma.
Alma que vas consumiendo con la rapidez con la que consumo un cigarro, cigarros que no me llenan y me sofocan cada día más, pero que no puedo ni quiero dejar. Tal como lo lo haces con tus manías, con tus pretenciones, con tu supuesto amor verdadero, cabrón.
Cabrón, porque las palabras son tan bonitas que me las creo. Porque mis acciones no te bastan para quedarte.
Y te escribo bonito para que así te la creas. Porque mis hechos parecen no asegurarte esto, porque los besos se vuelve intolerantes, porque las caricias se sienten vacías y pasan por el hueco con el que me hundiste el alma.
Alma con la que bailas, alma a la que sujetas sin siquiera tomarle la mano. Alma que se pierde en el abismo de tus putas ilusiones.
Porque somos tan iguales, tan distintos, tanto infinito para tan poco universo.
Porque mamá decía que, cuando tengas ganas de llorar tomes agua y se te pasa,
llenar el vacío y ahogar las lágrimas con más agua, y las ahogas tanto que te producen nauseas y más ganas de llorar y vuelves a llenar el vacío y se te pasa, y vuelves a sentir nauseas y es un círculo vicioso, tan vicioso como el que vengo llevando contigo.
Tan vicioso como tus manos hipócritas que consiguen cuanto quieren de mi.
De mi, que estoy tan vacía porque me consumes con tu presencia, y porque maldita sea, me destruyes con tu ausencia.
Con tu ausencia que golpea mi pecho cuando me besas, cuando estás cerquita de mi.
Con tu beso falso que me enreda el cabello y me hace sentir ondas en el alma.
Alma que vas consumiendo con la rapidez con la que consumo un cigarro, cigarros que no me llenan y me sofocan cada día más, pero que no puedo ni quiero dejar. Tal como lo lo haces con tus manías, con tus pretenciones, con tu supuesto amor verdadero, cabrón.
Cabrón, porque las palabras son tan bonitas que me las creo. Porque mis acciones no te bastan para quedarte.
Y te escribo bonito para que así te la creas. Porque mis hechos parecen no asegurarte esto, porque los besos se vuelve intolerantes, porque las caricias se sienten vacías y pasan por el hueco con el que me hundiste el alma.
Alma con la que bailas, alma a la que sujetas sin siquiera tomarle la mano. Alma que se pierde en el abismo de tus putas ilusiones.
Porque somos tan iguales, tan distintos, tanto infinito para tan poco universo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)