Muchas historias de amores formulan una lista de aquellas cosas perfectas por realizar en una relación de amor inolvidable.
Supongo que esa clase de recuerdos hace imposible olvidar a aquel amor.
Entre él y yo, siempre hubo improvisación.
Entonces debo decir que siempre fueron momentos perfectos.
Una historia de amor por parte de dos, de uno. De nadie.
Historia de "él y yo".
Historia que nunca sabré de qué.
Él y yo;
y lo nombro de tal manera, porque jamás asomó algún "nosotros",
o algún árbol en el cual marcáramos un "tú y yo".
Nos encontramos un otoño, y el invierno llegó deprisa y escondió tu mirada.
La primavera deprisa y cansada de esperar juntó nuestros labios, e hizo el primer recuerdo perfectos para la lista que pende desde los sueños.
Y aquellos besos se acompañaron con palabras, mismas, que susurran los enamorados.
El verano dio un largo camino vacacional a los corazones rotos.
Y de nuevo otoño nos volvió a reunir.
Con la misma intención para ya despedirnos.
Una noche en aquel concierto, donde nuestro voces emitieron un mismo sonido.
No quería dejar de mirarte por temor a empezar a extrañarte o peor aún,
a que tu sonrisa acabase.
Y mis labios susurraron "que te vaya bonito", mis brazos se abrieron, ¡no quería dejar de abrazarte!
Porque hacer el amor es algo más que quitarse las prendas.
Es mirarnos a los ojos y entonces, sentirnos eternos; infinitos.
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