miércoles, 2 de abril de 2014

Te odio.

Le odio porque no logro olvidarle.
Le odio porque usted es esa astilla que se clava en el dedo chiquito del pie que no se puede sacar a menos que te lo abran y lo tiren a la mierda.
Le odio poque sus labios quedaron grabados en los míos, y a pesar de ello no dicen nada.
Le odio porque me dio cien respuestas y dejó mil putas preguntas.
Le odio porque los cerezos siguen creciendo en abril mientras nuestro amor muere.
Le odio porque es esa clase de chico con ojos tristes, que sabes que te joderá la vida, y aun así, te aferras.
Le odio porque tiene ese sabor en los labios como un Dr. Pepper, tan vérsatil, tan convinado, tan todas mías.
Le odio porque su mirada triste y agachada es solo para disimular los horribles ojos que tiene.
Le odio, porque esos gestos de mariquita que me hicieron desearle, son los mismos de un hijo de puta maricón.
Le odio, porque taladra mil agujeros en el pecho y nunca deja algun parche o explicación.
Le odio, porque no puedo dejar de amarlo, porque lo comparo y excuso para huir de todos.
Le odio, porque si no lo odio de nuevo volveré a amarle.

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