Aquel día, el corazón
de Olivia le susurró vestirse de modo especial; siempre vestía de negro,
éste era su color favorito, la representaba perfecto. Hablaré acerca de cómo su
alma abrazaba tal color; se sentía una girl blue, de esas que imaginan a Janis
cantándole esa jodida, hermosa y perfecta canción, porque por las noches en la
oscuridad de su habitación mientras contaba sus deditos y evadía las efímeras gotas
que rodaban por su rostro, era cuando más segura se sentía. El negro
representaba su soledad, su amargura, su ira, su hermoso caos interno. Olivia
pisaba los 24, solitaria y triste, de cabellos negros, largos y ondulados; aunque ella, se empeñaba en darle un toque lacio y de muchos colores; era alta y de
ojos grandes los cuales alguna vez iluminaron una que otra alma rota. Carajo, mirarlos ahora, son tristes y pareciera que
aún, le quedasen tres esperanzas. Aquél día, Olivia escogió su blusa favorita;
ella pensó en sus adentros que, sería la tarde perfecta para un velorio, que
aquella blusa favorita, encajaba perfecto para un funeral. Dicha blusa era un
tanto transparente, de encaje en el cuello y un delicado corte en el hombro que
caía como olas al amanecer. Se dirigió a su trabajo, sintiendo emociones que
jamás había experimentado. Era una tarde triste, algo lluviosa, pero sobre
todo, era una tarde silenciosa, quieta. Aquella tarde en el trabajo, intentaba
no pensar en su padre enfermo, al borde de la muerte. Ella había decido ir al
trabajo porque había acordado reunirse con su padre al final del día para verse
y cantar aquella canción que habían hecho suya, acordaron que él saldría del
hospital como siempre, como todas aquellas ocasiones que los doctores dijeron
que el moriría y él, siempre salía diciendo "hierba mala, nunca
muere".
Olivia se encontraba
nerviosa, aquel día se la pasó consumiendo todos sus cigarrillos hasta que,
sintió unas ansías de llamarle a su padre por teléfono y ver cómo se encontraba
y claro, hacerle una que otra broma como
era costumbre entre ellos. El teléfono sonaba y nadie dio razón. Olivia pensó
que deberían estar ocupados o quizá su padre se encontraba durmiendo y por tal
motivo no se molestaban en recibir su llamada. Entonces, decidió llamar más
tarde. Las horas fueron pasando, hasta que sintió un escalofrío y al marcar los
dígitos del aquél aparato, sonó su teléfono personal: llamaban de casa. Olivia
sintió un hueco en el estómago al tomar la llamada y escuchar la voz sin
esperanza y quebrada de su hermano; "papá ha descansado" dijo su
hermano. Olivia se limitó a informarles a sus personas cercanas, tomó sus cosas
e informó a su jefe que su padre había fallecido y debía irse.
Se dirigió aquél
maldito hospital que tanto lo había mirado entrar y salir desde hacía algunos
años. Sollozó en el camino; se encontraba ausente, nerviosa, al borde de la
locura, colgando del precipicio. Abrazó y consoló a su madre; Olivia no pudo
llorar, nadie se acercaba a ella. La persona que la hubiera consolado, yacía
muerto en alguna habitación de aquél hospital, muerto.
Olivia se hace la misma
pregunta todas las noches: ¿Qué tan lejos de la realidad me encuentro al pensar
que se hartó de ésta ciudad, de su familia, de su hogar y decidió irse lejos? Que,
encontró un sitio seguro y que el día en el cual se pose atrás de la puerta
para asustarme como era su costumbre y decirme “He vuelto, nena”, ¿se encuentre
cerca?.
Olivia todos los días, se
aferra a la delgada línea entre la locura y la realidad.
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