domingo, 26 de abril de 2015

Soulmates never die.

Aquella madrugada del 27 de abril del 2013, la palabra felicidad se hacía pequeña para aquella sensación que provocaste con tus besos, tus miradas ocultas y aquella sonrisa perdida.
Aquellos ojos me miraron atentamente al leerte el último poema que había escrito para ti; me miraron y juro hice lo inhumano por no temblar y caer; y fue ahí, donde me derrumbé entera en tus labios; en tus tristes ojos que me miraron como si en aquel momento yo fuera el mejor truco y tu el mago; me hiciste magia. Me ocultaste en el mejor sombrero y fue aquél momento en el cual me perdí por siempre.
Consumiste mi mejor suspiro; detuviste los latidos de éste corazón que no se cansa de esperarte. Uniste mi alma a la tuya y te juro que se fue a tu ladito cuando decidiste no volver.
Robaste toda sensación y electricidad cuando nuestras manos se entrelazaron; y me hiciste cachitos en aquél abrazo.
Huiste con toda esperanza cuando decidiste romper tu promesa de quererme despacito, a ratos; de mandar al diablo al universo y navegar en las constelaciones cada fin de semana a besos, a risas; perdernos en todas las malditas sensaciones que sacudían nuestros cuerpos en todas las ocasiones que nos miramos.
Ay, señor pirata. Me aventó por la borda de aquél navío, sin brújula que me regresara a usted; perdí toda cordura, me perdí a mí misma.
Ese es el precio por sentirte completa, infinita; aún sea por un conjunto de instantes que me llevaron del éxtasis total a la serenidad de mis entrañas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario